Después
de casi dos años del primer intento, pude realizar este trayecto
junto a Eduardo, Lucho y Carlos, ya que en enero del 2003 Gendarmería
Nacional no nos había permitió continuar viaje, por viajar
en solitario, sin vehículo de apoyo. "La
narración de esa travesía, se encuentra en Relatos - Antofalla".
Debíamos tomar rumbo al sur del
Salar de Antofalla, zona plagada de volcanes, extensas pampas de altura,
bellas lagunas, y ríos de lava solidificada, donde se puede apreciar
que hubo erupciones en distintas épocas bien marcadas, debido
a la presencia de depósitos eruptivos.
Realmente, estos son parajes extremadamente
desolados. Se transita por sobre los 4000 msm.
Fines
de Octubre del 2005.
Partimos por la mañana desde Antofagasta
de la Sierra, luego de dar por concluida la expedición del geoglifo
o "Pajarraco de la Puna".
La noche anterior cenamos con vaqueanos
de la zona, y nos decían que era casi imposible realizar el recorrido
de Norte a Sur, como lo queríamos hacer nosotros; por los extensos
arenales en contra pendiente. Pero a pesar de ello quisimos intentarlo.
De ultima tendríamos que retroceder.
Al salir de Antofagasta observando los
farallones rocosos, vimos unos petroglifos representando un grupo de
vicuñas con el "relincho", guía de la manada,
en la parte superior.
Continuamos viaje por una huella bien
marcada, rumbo al sur del salar. Al tiempo de andar, la huella comienza
a adentrarse en una gran depresión. Desde los altos se
aprecia el territorio, vasto, desolado, sumamente hostil, y a la vez
sobrecogedor.
Llegamos
al primer barreal, donde se bifurca la huella que se dirige a las Quinuas.
Nosotros tomamos la que se dirige al sur, hacia el salar de Incahuasi.
Los barreales estaban secos, en partes
apenas húmedos, lo que nos permitió dar rienda suelta
al niño que cada uno tiene en su interior.
En realidad estos barreales son depresiones
gredosas, que pueden llegar a contener agua en forma temporal, de acuerdo
al régimen de lluvias.
Nos encontramos con un segundo barreal.
En esa posición, nos desviamos nuevamente dejando la huella,
para dirigirnos más al oeste; pasando por Vega Cortaderas, internándonos
por una quebrada, que se iba estrechando en forma pronunciada a medida
que avanzábamos; a tal punto que solo permitía el paso
de la "Chata".
En todo este trayecto divisamos varios
puestos y corrales abandonados. A pesar que uno sabe que éste
tipo de construcciones se suelen usar en forma alternada, con tráfico
de animales, en éstos, se notaba un abandono de mucho tiempo.
Nos preguntábamos quienes podrían haber vivido inmersos
en semejante soledad.
También vimos "Vegas" al punto
de secarse. Quizás ese sea uno de los tantos motivos de un despoblamiento
continuo. Pero este proceso es mucho más complejo para comprenderlo.
Lo que si se percibe, es que el territorio se esta despoblando paulatinamente,
solo queda en algún puesto habitado, gente mayor. Los jóvenes
emigran a los poblados en busca de mejores condiciones de vida.
En la actualidad, se han cerrado pequeñas
escuelas, como la de las Quinuas y Salar del Hombre Muerto, que funcionaron
hasta el año pasado. Sus alumnos fueron trasladados a Antofagasta
de la Sierra. Esto también acelera este proceso, con la consiguiente
perdida de soberanía.
Luego de atravesar unas pequeñas
pampas con coirones, comenzamos a descender nuevamente hacia el salar
de La Mina y Ratones.
Antes de llegar a orillas del salar de
Antofalla, en una detención, Lucho divisa a lo lejos la silueta
del Volcán Peinado. Nos embarga una profunda emoción.
Hasta las lágrimas."Territorio no apto para personas
sensibles".
Continuamos hasta llegar a orillas del
salar. Esperábamos encontrar un cruce, que no lo había.
Imposible cruzarlo, parece un mar encrespado, cortaríamos
los neumáticos al poco de andar, o en el peor de los casos quedaríamos
hundidos hasta el cuello. Por lo tanto continuamos rumbo sudoeste,
por una antigua huella sumamente deformada, trazada sobre la margen
este del salar. Un trayecto tortuoso de 25 Km. que nos llevo más
de 4 horas poder atravesarlo, y llegar a la parte sur del salar, en
las proximidades de Vega de Aguas Dulces.
En el salar se encuentra yeso en estado natural
y cristalizado. Los mayores depósitos de este mineral se encuentran
al norte del mismo, en las proximidades del "Hervidero".
La parte sur del salar se encuentra encerrada
por una lengua de lava solidificada, "Negros" que debíamos
atravesar por una senda tortuosa con piedras filosas, que hacían
peligrar la integridad de los neumáticos.
De pronto aparece ante nosotros, entre
cerros y volcanes, extensos depósitos de arena floja. Hicimos
varios intentos para atravesarlo, pero fue en vano. Tuvimos que bajar
la presión de los neumáticos para poder sortear el obstáculo,
y llevar la Chata a alto régimen de vueltas para no quedar atrapados
en esa trampa, cuidando no destalonar los neumáticos en las curvas.
SORPRESA:
A partir de este arenal, comenzamos a
prestarle atención, a unas huellas que había dejado un
carrito con ruedas de bicicleta, que seguía el mismo trayecto
que el nuestro, y por efecto del viento no podíamos distinguir
con claridad las huellas de qué o quien lo tiraba.
Llegamos a Bs.As con la incógnita.
Eduardo al colgar el relato en su sitio
http://www.viajeros.freeservers.com
plantea la inquietud. La respuesta a éste acertijo
nos llega por medio de un cibernauta Alemán, diciendo que esas
huellas tal vez fueron dejadas por un Austríaco "Christian
Stangl", 10 días antes que nosotros estuviésemos
en la zona. Envía la dirección del sitio de ese supuesto
aventurero, y nos pusimos en contacto con él. Efectivamente fue
él quien tiraba del carrito. Sorprendente lo de este
aventurero. Se largo desde Paso Socompa hasta el Paso San Francisco,
caminando y en solitario, llevando sólo el carrito
con víveres y el equipo necesario.
Entre curva y curva, aparece ante nosotros
las Lagunas del Peinado con sus aguas cristalinas. Me embarga una sensación
que no puedo describir. Al resto del grupo lo veo muy emocionado, en
especial a Lucho, ante lo que la Naturaleza presenta ante nosotros.
Realmente una belleza perdida
entre volcanes. Un privilegio de pocos, sólo para los que se
atreven a semejante soledad.
Continuamos bordeando sus costas.
Se hacía tarde, queríamos dejar las lagunas atrás
para armar campamento. Pero en un recodo nos encontramos con una sorpresa.
La laguna había ganado la precaria senda, en la que se veían
profundas huellas dejadas por otros vehículos TT, con el agravante
que unas enormes rocas, habían caído del cerro haciendo
más dificultoso el paso.
Como la cosa estaba fea, decidimos buscar
alguna otra alternativa para poder sortear el obstáculo, pasando
por otro lado. Pero la búsqueda no tuvo los frutos esperados,
ya que si no nos encontrábamos encajonados entre "negros",
se nos presentaban cerros de arena floja.
Ya se hacía de noche, así
que decidimos buscar un lugar más protegido del viento para acampar
y comer algo. Sopa bien caliente, barras de cereales, chocolate y te
de coca, para mitigar el frío y el mal de Puna.
Por la mañana desayunamos, levantamos
los bártulos que habíamos bajado, y nos dirigimos hacia
el problema. Este, de día se ve con otros ojos. Nos quedaban
dos posibilidades; una era internarse dentro de los mallines a orilla
de la laguna, y la otra, montar dos ruedas de la chata por sobre las
rocas del cerro,
y las otras dos entre las huellas profundas que habían dejado
otros vehículos, con el cuidado de no deslizarse hacia las rocas
caídas; eso nos dejaría atrapados con el agravante de
romper parte de la carrocería de la chata.
Optamos por la segunda opción.
Nos fue bien. Pudimos seguir viaje; el sólo pensar la posibilidad
de regresar circulando nuevamente por el salar, nos ponía molestos,
o como decía Eduardo, "se me estrujan las tripas".
Pero en esto uno sabe que la cosa puede resultar así.
Cada vez se lo ve con mayor majestuosidad
al Peinado. Así como nos llama la atención a nosotros,
lo mismo ocurría con el nativo. Tal es así que se ha encontrado
en él, un santuario indígena.
La huella se alterna entre arena y negros.
Por momentos se transita sobre una angosta huella de cornisa, con enormes
depresiones a su flanco. De pronto aparece ante nosotros en una enorme
depresión, una laguna, "Hondonada del Cóndor".
Muy bella pero peligrosa, por su alto contenido de arsénico.
Detrás de ella se ve el volcán El Cóndor, mostrando
sus enormes coladas de material volcánico.
Un
poco más adelante, teniendo como escenario las lagunas del Cóndor,
tuvimos que retirar grandes rocas caídas sobre la huella de cornisa
que nos obstruían el paso.
Atravesamos abras a más de 4800
msm, por lo que todavía tendríamos más sorpresas.
Depósitos de nieve en la huella, lo que nos obligaba a buscar
otras opciones para poder sortear los obstáculos.
A
esta altura de las circunstancias, esperábamos a cada vuelta
de la huella un nuevo obstáculo, al que deberíamos sortear.
Luego de casi dos días, llegamos a la ruta asfaltada que lleva
a Chile por el "Paso San Francisco".
En el refugio existente en el lugar, comimos
ya distendidos, saboreando nuestra aventura, con la esperanza de volver
a intentar algo nuevo.
ALDO
LOMBARDI